LA NOCHE DE LOS FEOS

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Por Daniel Abraham

En la película Ratatouille de Pixar, está la frase del Chef Gusteau: “Cualquiera puede cocinar”. Precisamente y parafraseando: en el mundo de la historieta ¿cualquiera puede dibujar? ¿Hay un dibujo bueno y uno malo? ¿Los dibujos tienen que ser sometidos a una suerte de concurso de belleza? ¿Hacer monos es para las personas infantiles? ¿Hay dibujos feos?

Las personas a lo largo de la vida pueden ir tomando muchos roles, uno de ellos es el de hacedor de dibujos. En Chile, la gran mayoría de los humanos que están vivos han tomado en sus manos un papel y un lápiz. Probablemente, la mayoría han hecho dibujos y, posiblemente, narraron historias con imágenes. A pesar de lo que se suele decir, la infancia no es un lugar repleto de bondad. La niñez también es ese lugar donde la empatía no está tan desarrollada y los dibujos tendrán en sus pares a los críticos más despiadados. Es posible que los dibujos queden finalmente a un lado y sean ejecutadas labores y acciones que posean una mayor valoración económica. Muchas veces para los padres sólo significarán los dibujos como cosas de niños y eventualmente sus horizontes culturales no podrán estimular la genuina inclinación a narrar visualmente que posee la primera juventud.

Para mucha gente, hacer dibujos se vuelve algo esporádico y casual. Olvidado en algún rincón de la mente del adulto tradicional. Pero cuando el fastidio golpea tu puerta o si pasas por momentos difíciles, puedes sentir la necesidad de reflexionar sobre tu vida de un modo diferente y pensar sobre las cuestiones que no puedes modificar del entramado social. Mucha gente se dedica al deporte, la música o la gastronomía para saciar su vida con cuestiones fuera del ámbito profesional o laboral. Es posible que mucha de la creación de los actuales fanzines, especialmente los dedicados a las historietas, entren a este arte sin un bagaje muy amplio en los códigos semióticos de la historieta o de la historia del cómic en general. Muchos llegan sin mayores conocimientos de la técnica del dibujo, principian sus creaciones como anclados a los dibujos de la infancia.

Probablemente, el primer gran abismo de los creadores de cómic, sea presentar sus dibujos fuera de norma a algún otro. Roto este primer escollo, tal vez exista la ansiedad de la aprobación, hasta la calma de entender que el dibujo se explica por sí mismo y que es posible que sea entendido por otro. También puede ser una suerte de sanación para la persona involucrada. Pero la historieta necesita lectores, requiere para vivir de alguien que las lea y se divierta o le encuentre algún sentido a los dibujos. Es un desafío permanente que estimula a las personas más sensibles.

Creo que el gran aliciente para que el fanzine y la historieta estén vigentes, sea la más poderosa y simple. La creación es su propia línea editorial. Una persona o una agrupación, es su propio editor. Esto es interesante en varios sentidos. La libertad total probablemente no exista, aún en este formato de auto publicación. Primero, creo relevante desde la plástica que se pueden aceptar los dibujos más simples, minimalistas o mal dibujados. En segundo lugar creo relevante con respecto al guion, el papel del punto de vista del artista (¡menudo nombre para el creador de palotes!) que puede operar de forma inconsciente. A menudo, lo políticamente correcto se transforma en la posibilidad de no cometer daños innecesariamente. Por ejemplo, se podría hacer humor negro hacia las personas con Síndrome de Down. Sin embargo, uno se podría preguntar qué se obtiene con fustigar a un grupo de personas (y sus familias) que históricamente han estado en el margen del poder y han vivido la discriminación por siglos. Que han visto esta condición como una castigo divino o como seres que deben ser eliminados por el costo económico que representa su cuidado. Por tanto, los creadores de fanzines al no estar alineados con los poderes hegemónicos, de una manera natural aunque no siempre consiente, suelen apuntar sus dardos a los poderosos y opresores como objeto principal de la sátira, la burla y el escarnio.

Supongo que hay jerarquías en el dibujo y en los tebeos, debemos suponer también que hay cosas mejores que otras en el mundo del Noveno Arte. Pero que nadie te quite la posibilidad de hacer tus monos. Discrepa si otra persona dice que lo tuyo no es cómic porque dibujas mal. Aunque sean palotes secuenciales, otra gente podrá sentir risa, pena o reflexión. Por último, crear historietas te puede ayudar en el desamparo de vivir y de no encontrarle sentido a la existencia. No es necesario encontrar la inspiración en tus propios problemas, sé empático y mira la desigualdad o el absurdo en el cual vivimos. Creo que el exceso de individualismo y egocentrismo nos tiene mal parados. Nos olvidamos de la comunidad y de nuestro sentido de pertenencia hacia la humanidad. Todos podemos disfrutar leyendo o haciendo historietas. Aunque finalmente, todos sabemos que igual nos daría un poco de asco comer una cazuela cocinada por un ratón.

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